Mujer sepia
I Todo estaba en gris, era semejante a una tarde de tormenta, de esas que se fraguan con vientos de norte a sur, las que se oyen dentro de casas viejas; era una muerte solar, de rayos secos, sin lluvia, con truenos-relámpagos; todo se movía precipitosamente, las hojas se revolcaban con furia, se juntaban en las esquinas de las calles marroquíes haciendo remolinos silbando al vació. Las ceras fantasmales se empezaban a manchar de luces ámbar, proyectadas por faroles de alguna época remota ... de repente una mujer vestida de sepia transparente, descalza, venía corriendo, su rostro congestionado, sus manos empuñadas le impulsaban la huida, su cabello se le echaba de vez en vez en la cara, los lacios hilos negros le cubrían una herida en la frente.
II La noche se derramó y los faroles iluminaban espacios mínimos de cada seis metros, cada tramo de soledad se llenaba de una oscuridad añeja, no había poros abiertos en el cielo, solitarias navegaban las nubes preñadas, uno que otro perro flacucho –de sexo, de hambre- que se paseaba por las banquetas y súbitamente aullaban en la solemnidad de esa noche. Flotaba un sepulcral silencio, como si una guerra de gritos hubiera acabado con cualquier sonido, nada, nada , nada se oía, ni los perros jadeaban, ya.
Como en el teatro, un cenit frontal enfoco el proscenio e ilumino a la mujer, había corrido en angustia hasta esa casa, que estaba al final de la calle, cruzó el portal y siguió la brecha del jardín que le condujo a la puerta trasera, entró y a los cuatro trotes cayó, y la caída se hizo infinita; el abismo la entregó al centro de donde había escapado.
III Antes de caer –de nuevo, una vez más- la mujer vestida de sepia transparente, había tomado aire, descansaba y al mismo tiempo que secaba su rostro... retomo el aliento en la entrada de la casa; le escurría sangre del costado izquierdo, una costilla fracturada quizás, y entre las uñas llevaba cáscara de manzana, sus labios hinchados de amor. Tan bella como la muerte solar... siguió la corrida, piso el hoyo y se devolvió al cielo.
Nubes reventadas, cielo abortando...
IV No hay tiempo ni espacio, sólo una tarde vacía, una noche interminable, un Marruecos cualquiera, una mujer perseguida, una historia atrapada en un sueño de alguien. Quién es ella, por qué la mujer sangra de un costado y no por la herida de la frente, por qué no llora cuando cae al abismo, por qué llora desesperadamente cuando corre, por qué cae de nuevo...