Esa noche se rayó el sueño de toda una vida, desvanecido en las sábanas azules…, y el tiempo con sus alas de muerte arrastraba a Zaire al infinito de las dudas, ella quería volar de nuevo pero sentía que el volar nunca lo había hecho.
Sus alas flotaban fuera de sus omóplatos; asustada se echó en un rincón de la casa y sus lágrimas brotaban como ácido rodando por el pecho abierto al cielo; de tal manera que los latidos empezaron a llenar el espacio de la casucha, que era más vieja que la herida esa que relamía en la oscuridad…. Zaire empezó a morir.
En esas horas únicamente podía sentir como se le erizaba la piel, y la soledad se acercaba cada vez más con su aliento engripado, ella no podía seguir así: ¡viva y muriendo! a la vez. Necesitaba un ser alado y no el antónimo de este, necesitaba a alguien que le devolviera el vuelo, que le devolviera el alma.
...Le había dicho que el amor no existe, que no-dura que no es para siempre y en sus adentros pensó que era una frase trillada, tal cual que el tiempo la había afiliado para acuchillarla; era guillotina esas palabras, eran punzadas que ayudaron a sacarle el palpitar, esos sablazos por fin ausentaron en definitiva sus oníricas ideas de la eternidad del amor.
Hacía tiempo la atacó un asesino de encuentros con la luna y amor, casi la mata, en aquella ocasión el cuchillo de plata había entrado desde el costado derecho de su espalda hasta darle un piquete al corazón, esa tarde en que fue atacada sangró por más de 12 meses y 5 segundos; todos creían que Zaire estaba viajando en un témpano de hielo, que ya estaba muerta, pero salió avante, fue recuperando los aires, fue avizorando las alturas que alguna vez había navegado. Hasta que ocurrió el milagro y volvió a volar sin ninguna dificultad, a creer que si había amor... que si existía la eternidad de las almas enamoradas, que si existía el beso y la pasión, el “príncipe-guerrero y la princesa-enamorada”
Esta madrugada del 12 de diciembre le han dado fuerte, ese cuchillo entró a su pecho desde hace algún tiempo, y Zaire pensaba que sólo era un leve malestar, un pequeño dolor pasajero, pero hasta hoy vio el dorado metal que ha penetrado tan hondo que siente está muerta; ha dejado de creer que el amor es TODO...
Pobre Zaire siente frío a su alrededor, pobre tonta, ha vivido engañada, ha estado sola más que sola, y hasta hoy se ha enterado que vino aquí por nada, que los sueños que creía los encontraría en tierras lejanas, y son un espejismo, eran invento de su tierna cabeza y de la esquizofrenia de su vida.
Es una locura Zaire, es un sueño mezclado en pesadilla, ahora si morirá, y con razón, ya no habrá nuevos vientos, ya no habrá nuevos intentos, ya no habrá una vida nueva para el amor, porque ella ha matado al amor porqué él nunca fue el príncipe-guerrero….
Zaire ha muerto...es una piedra.