Hasta el sol sabe cuando morir
Notas como la tarde se ha dilatado hasta parece que los brazos de fuego del astro se sujetan del manto sideral para no caer de pronto en la noche, notas como se ha detenido la tarde, ¿crees que es por nosotros? Le preguntó Vyshka a Andrés mientras jugueteaba con sus cabellos, Andrés le responde: si, tal vez...- lo dijo con un tono de burla, pero se dio cuenta que Vyshka lo decía en serio, y para no lastimar su sensibilidad de inmediato dijo: el ocaso se ha perpetuado unas horas más, pienso que el sol se asoma a la mitad de la nada para lanzarse sin que le duela, observas como se está hundiendo y empando cada rayo al mismo instante que desprende chispas doradas sobre el confín del mundo... , y ante el espectáculo del atardecer se detienen frente a la inmensidad, Andrés se deja ir entre los brazos de Vyshka y le susurra: hasta el sol sabe cuando morir... crees que se detuvo un instante para iluminar tus ojos grises... -Vyshka se sonroja y con una sonrisa lo toma de las manos y continúan andando a la orilla de la espumosa agua...-vamos Andrés, que ya tengo hambre y ante este crepúsculo tropical no me aguantaré mas... jajajaja, bueno sería hacerte el amor aquí a media luz en el abierto universo... Andrés sonrió de manera picará sintiéndose halagado, sujetó a Vyshka de la cintura y siguieron caminando hasta la habitación.
Los días que llevaban en aquella playa, para ambos se había convertido en un eterno e insaciable paraíso, Andrés por primera vez se había atrevido abandonar todo, desaparecer del trabajo y de su familia, un hombre aprensivo, un poco metódico en su ritmo de vida, pero contradictorio en sus acciones, pues toda su existencia está planeada con fecha, día y hora nada fuera de control, odia todo aquello que no puede controlar, odia aquello que no es predecible e irrevelable a sus ojos, por eso detesta las sorpresas... sin embargo siempre esta dispuesto a volar a través de su imaginación y a soportar todas las sorpresitas que Vyshka le prepara.
Su infancia no había sido la mejor, su madre siempre en el trabajo y del padre ni hablar, a ese hombre nunca le vio la cara. Andrés había crecido sólo al igual que sus cuatro hermanas, que desde muy jóvenes se habían ido a vivir con su abuela materna, más bien su madre las regaló con su progenitora, sólo él resistió vivir con Sofía – la madre de Andrés- Andrés creció y su madre no se dio cuenta cuando pasó, se volvió un hombre y la madre una vieja achacosa con la actitud de mamá que no fue cuando él la necesitó, pese a eso Andrés la considera su única familia y a quién respeta a pesar del abandono.
Que suaves están estás toallas, como si estuvieran hechas con algodón del cielo, ven Andrés tócalas, siente que tersas están, Vyshka eso es trivial le dijo Andrés, Vyshka hace una mueca... para ti todo es trivial, para ti la vida es una agenda con citas al día, no te das cuenta que la vida está compuesta de cosas simples, las cuales los humanos complicamos al transcurrir los minutos y años, los seres humanos somos ociosos, y no entendemos que la vida se puede ir tras un suspiro...¡hay que vivir Andrés!, ya Vyshka cállate, ya estás en la hora de la filosofía arrabalera... Vyshka arroja la puerta con un poco de molestia y desliza la bata de baño por sus tersos hombros trigueños, hundiendo lentamente en la bañera su cuerpo largo y torneado.
Vyshka es un ser humano lleno de emociones inimaginables, cada día que vive lo ve lleno de magia, vive al día, vive con el optimismo que al despertar todo será mejor que ayer, se entrega a las cosas que llenan su alma, su profesión es la mayor pasión, pero Andrés se ha vuelto una parte importante en su existencia lo ha convertido en el centro de su universo...
Vyshka creció en un orfanato al norte de España –en la ciudad Burgos-, su infancia fue una tormenta, rodeado de desprecio y en penumbras. Ahí mismo en el orfanato de la Santísima Caridad, de las madres Carmelitas recibió su único y primer regalo de su niñez, una flauta transversal, Vyshka tenía 8 años cuando inició sus clases con la Madre Constanza, una mujer dura y llena de resentimientos, pese a ello fue una buena instructora para la música... la madre Constanza encaminó a Vyshka en los instrumentos del órgano y la flauta barroca. Al salir del Orfanato trabajó dos años en un bar de la ciudad vecina -Bilbao-, dejó ese sitio por la fortuna de haber sido aceptado en el Conservatorio Nacional Música de Piort Ilich Tchaikowsky, y la aventura con la música fue a los 20 años, pero sus sueños de tripular sus quimeras a través de la música la había tomado cuando en esa navidad indiferente se repartió la donación de objetos viejos de la señora Márquez y llegó a sus manos largas una flauta vieja un poco desafinada.
Andrés estaba sentado delante del ventanal que daba a la alberca, sujetaba en su mano derecha un vaso con ron, miraba como la noche se cubría de ese color misterioso, que ni es negro, pero tampoco azul-marino, así sentía que era su vida, ni de un color claro, ni oscuro, dejó el vaso al costado de su silla y se sujeto de la cabeza y empezó a llorar, entre sus lagrimas se preguntaba qué era él, a dónde iría, no entendía porque amaba a Vyshka, no quería tampoco comprender qué lo unía a ese amor, estaban en esa Isla por sorpresa de su amor para festejar sus 38 años. Lentamente se empezó a calmar cuando a lo lejos escuchaba a Vyshka ejecutar una melodía que lo conmovía, sus ojos empañados alzaron la mirada hacia la azotea del hotel, Vyshka estaba tocando con toda la pasión de su espíritu volátil, fue entonces cuando recordó otro motivo por el cual estaba allí, la sensibilidad y pasión de Vyshka por la música.
Andrés, se había hecho conocedor de la música clásica por accidente, su madre a los 7 años lo había inscrito por las tardes a una escuela de música, pues doña Sofía trabajaba por las noches y regularmente dormía en el día, y para no estar con Andrés lo animo a la fuerza a incursionar a un taller de música en la casa de la cultura de Málaga, Andrés fue desarrollando su sensibilidad, pero como refugio y no como elección propia, tal vez sea lo único sensible que hizo doña Sofía por este hombre... A los 18 ingresó a la carrera de Comunicación, la carrera la costeo su madre con los ahorros de su trabajo, quizás doña Sofía sentía remordimientos por el abandono a sus hijos, o quizás no, vaya vos a saber..., Andrés vinculó su carrera con el gusto a la música y se volvió representante, pero no había tenido gran éxito con sus representados, hasta que conoció Vyshka. Vyshka fue el nombre con el que bautizo artísticamente a Hermes.
Andrés conoció a Hermes en un concierto de la sinfónica de Madrid, Hermes tenía 27 años y Andrés 33, había tenido Vyshka por primera vez su oportunidad de interpretar un solo, esa noche fue de gran éxito, Andrés se le acercó después de la función, y le propuso representarlo, hacerlo famoso, Andrés así lo hizo, lo convirtió en un gran solista de la flauta transversal, lo mismo que lo hizo en un gran amante, en su amante.
Andrés subió lo mas rápido que pudo y en sus adentros se sentía afortunado por tener a un espíritu celeste tan cerca, a Vyshka , Vyshka, tenía una mesa con patas labradas en dorado y la adornó con orquídeas, la azotea la alumbró con cuatro antorchas que llameaban dentro de la sombría noche, las copas reflejaban las constantes llamitas de una vela chaparra que olía a sándalo, Hermes estaba sentado tan radiante al frente del piano de cola, vestido de camisa y pantalón blanco de telas porosas que lo hacían parecer un ángel, pues con la suave brisa que se escurría del mar hacían que sus lienzos y cabellos castaños navegaran en el aire al ritmo de la melodía que ejecutaba, su cuerpo brillaba con el fuego que desprendía de sus manos, Andrés emocionado se fue acercando lentamente hasta él, se sentó a su izquierda y ambos continuaron tocando, Andrés derramaba gotas por sus mejillas blancas y tersa, Vyshka sólo podía dibujar una sonrisa en sus pequeños y gruesos labios...
Había muchas cosas que compartían Andrés y Vyshka, su infancia llena de soledad, la música, el amor que se tenían, pero Andrés en el fondo vivía a través del éxito de Hermes, tal hecho los abruma de constantes peleas, Andy como le llamaba Hermes, le exigía cada vez más, Hermes era un espíritu libre, eso no lo podía comprender Andrés que vivía sujeto en la tierra. Vyshka una tarde de otoño intentó alejarse de la vida, no soportaba más su pasado y la pesada rutina de trabajo en la que había caído, la música ya no era parte de sus sueños, sino una constante pesadilla, tomó una navaja y se hundió en la bañera, Andrés por casualidad había pasado por casa de Hermes lo sacó escuálido y frío del baño, fue entonces cuando Andrés supo que amaba a Vyshka y decidió pedirle que vivieran juntos, deseaba tanto cuidarlo, de eso hacía dos años ya.
Chocaron sus copas, y muy sensual Vyshka miró a Andrés, al mismo tiempo que su mano derecha acariciaba el rostro alargado de su querido Andy, Vyshka se fue acercando lentamente y dejo que sus labios se fundieran en los delicadas y finas carnes de Andrés, a la calidez del beso Hermes le dijo Te amo... Andrés se paró y tomo de la mano a Vyshka y lo abrazó con mucha fuerza, le dijo al oído: no mereces que nadie te quite la libertad como lo hago yo, no Andy, tú no me quitas nada, contigo soy feliz, contigo me siento volar, cada célula vibra por ti, por ti soy un hombre lleno de magia y fortuna, Andrés se apretó más al cuerpo de Hermes, Te amo tanto mi Libélula, te amo que siento que no puedo más,¿¡ Andy qué te pasa, anda dime!?...te amo.
Andrés con su camisa color crema que se alzaba por el viento, se fue acercando al barandal de la azotea, y miro hacia el abismo del hotel, hacía el abismo de su vida, entonces alzó la voz y le habló a Hermes diciendo: ya no puedo más ser tu representante, ya no quiero vivir contigo, Vyshka sujeto muy fuerte la copa y apago los pasos que le dirigían al piano, sintió una daga de brasa que atravesaba su pecho y no puedo responder, enmudeció, perdiendo el aliento, Andrés continua hablando de espalda a Hermes, quiero vivir otra vida, tener hijos, ser padre, dar lo que a mi no me dieron, y sabes que contigo jamás pasará, Vyshka siguió sin poder hablar, sus ojos grises monteses se llenaban de agua salada, de esa agua que mataba el crepúsculo que se había detenido ante sus ojos hoy por la tarde, Andrés calló un instante, y Vyshka bajo lentamente hacía la recamara, entonces Andrés giró para pedirle perdón por lo que hacía, Hermes ya no estaba.
Andrés lo miraba dormir, le gustaba ser el guardián de su sueño, y mientras tanto acariciaba sus cabellos, lo veía con ternura a través de esos ojos enormes color caribe, pero esa noche sólo lo observaba hacer las maletas, Andrés sufría, le dolía el pecho pero no podía decirle que se quedará, todo estaba resuelto, Vyshka no lloraba, no podía llorar, no derramaba una sola lagrima, al salir del hotel le dijo mañana voy a tu casa por mis cosas, Andrés no pronuncio palabra, se quedó impávido en la entrada del hotel...lo dejo partir.
Esa noche se hizo una pesada pelota que rebotaba en sus entrañas, no paraba de recordar los instantes bellos con Vyshka, la botella de vino rodaba a sus pies, como rodaba sus pensamientos en cada sonrisa de Hermes, en cada sorpresa, fue entonces cuando tomó el primer avión a Eslo, llegó con el corazón temblando a casa, decidido recuperar a Vyshka a olvidar esas ideas absurdas de la paternidad y familia, pues su familia y hogar estaba con Vyshka, Hermes le había dado vida y sentido a su existencia por él las cosas tenían rumbo nunca le había dicho nada a Vyshka que por él aprendió a ver este mundo con otros colores, Vyshka sin embargo día a día le daba las gracias por salvarlo de la muerte, de darle un nuevo motivo de reír, de existir..., abrió la gran puerta de ébano y vitral, corrió a la habitación y vio que toda la ropa de Hermes estaba aún, entonces le volvió el alma al cuerpo, le marcó al celular, pues desde que decidió volver con Vyshka no había parado de hablarle pero Hermes no respondía, marcó con ansiedad y el teléfono sonó en el cuarto donde está el piano, corrió con angustia y alegría, al abrir la puerta corrediza su mirada se cayó junto con las lagrimas al ver a Vyshka bañado en sangre, sentado frente al piano sujetando con su mano derecha su vieja flauta barroca, Vyshka dejó una carta: amor mío hasta el sol sabe cuando morir, y yo ya no puedo vivir más... te amo. Tuyo Hermes.
Notas como la tarde se ha dilatado hasta parece que los brazos de fuego del astro se sujetan del manto sideral para no caer de pronto en la noche, notas como se ha detenido la tarde, ¿crees que es por nosotros? Le preguntó Vyshka a Andrés mientras jugueteaba con sus cabellos, Andrés le responde: si, tal vez...- lo dijo con un tono de burla, pero se dio cuenta que Vyshka lo decía en serio, y para no lastimar su sensibilidad de inmediato dijo: el ocaso se ha perpetuado unas horas más, pienso que el sol se asoma a la mitad de la nada para lanzarse sin que le duela, observas como se está hundiendo y empando cada rayo al mismo instante que desprende chispas doradas sobre el confín del mundo... , y ante el espectáculo del atardecer se detienen frente a la inmensidad, Andrés se deja ir entre los brazos de Vyshka y le susurra: hasta el sol sabe cuando morir... crees que se detuvo un instante para iluminar tus ojos grises... -Vyshka se sonroja y con una sonrisa lo toma de las manos y continúan andando a la orilla de la espumosa agua...-vamos Andrés, que ya tengo hambre y ante este crepúsculo tropical no me aguantaré mas... jajajaja, bueno sería hacerte el amor aquí a media luz en el abierto universo... Andrés sonrió de manera picará sintiéndose halagado, sujetó a Vyshka de la cintura y siguieron caminando hasta la habitación.
Los días que llevaban en aquella playa, para ambos se había convertido en un eterno e insaciable paraíso, Andrés por primera vez se había atrevido abandonar todo, desaparecer del trabajo y de su familia, un hombre aprensivo, un poco metódico en su ritmo de vida, pero contradictorio en sus acciones, pues toda su existencia está planeada con fecha, día y hora nada fuera de control, odia todo aquello que no puede controlar, odia aquello que no es predecible e irrevelable a sus ojos, por eso detesta las sorpresas... sin embargo siempre esta dispuesto a volar a través de su imaginación y a soportar todas las sorpresitas que Vyshka le prepara.
Su infancia no había sido la mejor, su madre siempre en el trabajo y del padre ni hablar, a ese hombre nunca le vio la cara. Andrés había crecido sólo al igual que sus cuatro hermanas, que desde muy jóvenes se habían ido a vivir con su abuela materna, más bien su madre las regaló con su progenitora, sólo él resistió vivir con Sofía – la madre de Andrés- Andrés creció y su madre no se dio cuenta cuando pasó, se volvió un hombre y la madre una vieja achacosa con la actitud de mamá que no fue cuando él la necesitó, pese a eso Andrés la considera su única familia y a quién respeta a pesar del abandono.
Que suaves están estás toallas, como si estuvieran hechas con algodón del cielo, ven Andrés tócalas, siente que tersas están, Vyshka eso es trivial le dijo Andrés, Vyshka hace una mueca... para ti todo es trivial, para ti la vida es una agenda con citas al día, no te das cuenta que la vida está compuesta de cosas simples, las cuales los humanos complicamos al transcurrir los minutos y años, los seres humanos somos ociosos, y no entendemos que la vida se puede ir tras un suspiro...¡hay que vivir Andrés!, ya Vyshka cállate, ya estás en la hora de la filosofía arrabalera... Vyshka arroja la puerta con un poco de molestia y desliza la bata de baño por sus tersos hombros trigueños, hundiendo lentamente en la bañera su cuerpo largo y torneado.
Vyshka es un ser humano lleno de emociones inimaginables, cada día que vive lo ve lleno de magia, vive al día, vive con el optimismo que al despertar todo será mejor que ayer, se entrega a las cosas que llenan su alma, su profesión es la mayor pasión, pero Andrés se ha vuelto una parte importante en su existencia lo ha convertido en el centro de su universo...
Vyshka creció en un orfanato al norte de España –en la ciudad Burgos-, su infancia fue una tormenta, rodeado de desprecio y en penumbras. Ahí mismo en el orfanato de la Santísima Caridad, de las madres Carmelitas recibió su único y primer regalo de su niñez, una flauta transversal, Vyshka tenía 8 años cuando inició sus clases con la Madre Constanza, una mujer dura y llena de resentimientos, pese a ello fue una buena instructora para la música... la madre Constanza encaminó a Vyshka en los instrumentos del órgano y la flauta barroca. Al salir del Orfanato trabajó dos años en un bar de la ciudad vecina -Bilbao-, dejó ese sitio por la fortuna de haber sido aceptado en el Conservatorio Nacional Música de Piort Ilich Tchaikowsky, y la aventura con la música fue a los 20 años, pero sus sueños de tripular sus quimeras a través de la música la había tomado cuando en esa navidad indiferente se repartió la donación de objetos viejos de la señora Márquez y llegó a sus manos largas una flauta vieja un poco desafinada.
Andrés estaba sentado delante del ventanal que daba a la alberca, sujetaba en su mano derecha un vaso con ron, miraba como la noche se cubría de ese color misterioso, que ni es negro, pero tampoco azul-marino, así sentía que era su vida, ni de un color claro, ni oscuro, dejó el vaso al costado de su silla y se sujeto de la cabeza y empezó a llorar, entre sus lagrimas se preguntaba qué era él, a dónde iría, no entendía porque amaba a Vyshka, no quería tampoco comprender qué lo unía a ese amor, estaban en esa Isla por sorpresa de su amor para festejar sus 38 años. Lentamente se empezó a calmar cuando a lo lejos escuchaba a Vyshka ejecutar una melodía que lo conmovía, sus ojos empañados alzaron la mirada hacia la azotea del hotel, Vyshka estaba tocando con toda la pasión de su espíritu volátil, fue entonces cuando recordó otro motivo por el cual estaba allí, la sensibilidad y pasión de Vyshka por la música.
Andrés, se había hecho conocedor de la música clásica por accidente, su madre a los 7 años lo había inscrito por las tardes a una escuela de música, pues doña Sofía trabajaba por las noches y regularmente dormía en el día, y para no estar con Andrés lo animo a la fuerza a incursionar a un taller de música en la casa de la cultura de Málaga, Andrés fue desarrollando su sensibilidad, pero como refugio y no como elección propia, tal vez sea lo único sensible que hizo doña Sofía por este hombre... A los 18 ingresó a la carrera de Comunicación, la carrera la costeo su madre con los ahorros de su trabajo, quizás doña Sofía sentía remordimientos por el abandono a sus hijos, o quizás no, vaya vos a saber..., Andrés vinculó su carrera con el gusto a la música y se volvió representante, pero no había tenido gran éxito con sus representados, hasta que conoció Vyshka. Vyshka fue el nombre con el que bautizo artísticamente a Hermes.
Andrés conoció a Hermes en un concierto de la sinfónica de Madrid, Hermes tenía 27 años y Andrés 33, había tenido Vyshka por primera vez su oportunidad de interpretar un solo, esa noche fue de gran éxito, Andrés se le acercó después de la función, y le propuso representarlo, hacerlo famoso, Andrés así lo hizo, lo convirtió en un gran solista de la flauta transversal, lo mismo que lo hizo en un gran amante, en su amante.
Andrés subió lo mas rápido que pudo y en sus adentros se sentía afortunado por tener a un espíritu celeste tan cerca, a Vyshka , Vyshka, tenía una mesa con patas labradas en dorado y la adornó con orquídeas, la azotea la alumbró con cuatro antorchas que llameaban dentro de la sombría noche, las copas reflejaban las constantes llamitas de una vela chaparra que olía a sándalo, Hermes estaba sentado tan radiante al frente del piano de cola, vestido de camisa y pantalón blanco de telas porosas que lo hacían parecer un ángel, pues con la suave brisa que se escurría del mar hacían que sus lienzos y cabellos castaños navegaran en el aire al ritmo de la melodía que ejecutaba, su cuerpo brillaba con el fuego que desprendía de sus manos, Andrés emocionado se fue acercando lentamente hasta él, se sentó a su izquierda y ambos continuaron tocando, Andrés derramaba gotas por sus mejillas blancas y tersa, Vyshka sólo podía dibujar una sonrisa en sus pequeños y gruesos labios...
Había muchas cosas que compartían Andrés y Vyshka, su infancia llena de soledad, la música, el amor que se tenían, pero Andrés en el fondo vivía a través del éxito de Hermes, tal hecho los abruma de constantes peleas, Andy como le llamaba Hermes, le exigía cada vez más, Hermes era un espíritu libre, eso no lo podía comprender Andrés que vivía sujeto en la tierra. Vyshka una tarde de otoño intentó alejarse de la vida, no soportaba más su pasado y la pesada rutina de trabajo en la que había caído, la música ya no era parte de sus sueños, sino una constante pesadilla, tomó una navaja y se hundió en la bañera, Andrés por casualidad había pasado por casa de Hermes lo sacó escuálido y frío del baño, fue entonces cuando Andrés supo que amaba a Vyshka y decidió pedirle que vivieran juntos, deseaba tanto cuidarlo, de eso hacía dos años ya.
Chocaron sus copas, y muy sensual Vyshka miró a Andrés, al mismo tiempo que su mano derecha acariciaba el rostro alargado de su querido Andy, Vyshka se fue acercando lentamente y dejo que sus labios se fundieran en los delicadas y finas carnes de Andrés, a la calidez del beso Hermes le dijo Te amo... Andrés se paró y tomo de la mano a Vyshka y lo abrazó con mucha fuerza, le dijo al oído: no mereces que nadie te quite la libertad como lo hago yo, no Andy, tú no me quitas nada, contigo soy feliz, contigo me siento volar, cada célula vibra por ti, por ti soy un hombre lleno de magia y fortuna, Andrés se apretó más al cuerpo de Hermes, Te amo tanto mi Libélula, te amo que siento que no puedo más,¿¡ Andy qué te pasa, anda dime!?...te amo.
Andrés con su camisa color crema que se alzaba por el viento, se fue acercando al barandal de la azotea, y miro hacia el abismo del hotel, hacía el abismo de su vida, entonces alzó la voz y le habló a Hermes diciendo: ya no puedo más ser tu representante, ya no quiero vivir contigo, Vyshka sujeto muy fuerte la copa y apago los pasos que le dirigían al piano, sintió una daga de brasa que atravesaba su pecho y no puedo responder, enmudeció, perdiendo el aliento, Andrés continua hablando de espalda a Hermes, quiero vivir otra vida, tener hijos, ser padre, dar lo que a mi no me dieron, y sabes que contigo jamás pasará, Vyshka siguió sin poder hablar, sus ojos grises monteses se llenaban de agua salada, de esa agua que mataba el crepúsculo que se había detenido ante sus ojos hoy por la tarde, Andrés calló un instante, y Vyshka bajo lentamente hacía la recamara, entonces Andrés giró para pedirle perdón por lo que hacía, Hermes ya no estaba.
Andrés lo miraba dormir, le gustaba ser el guardián de su sueño, y mientras tanto acariciaba sus cabellos, lo veía con ternura a través de esos ojos enormes color caribe, pero esa noche sólo lo observaba hacer las maletas, Andrés sufría, le dolía el pecho pero no podía decirle que se quedará, todo estaba resuelto, Vyshka no lloraba, no podía llorar, no derramaba una sola lagrima, al salir del hotel le dijo mañana voy a tu casa por mis cosas, Andrés no pronuncio palabra, se quedó impávido en la entrada del hotel...lo dejo partir.
Esa noche se hizo una pesada pelota que rebotaba en sus entrañas, no paraba de recordar los instantes bellos con Vyshka, la botella de vino rodaba a sus pies, como rodaba sus pensamientos en cada sonrisa de Hermes, en cada sorpresa, fue entonces cuando tomó el primer avión a Eslo, llegó con el corazón temblando a casa, decidido recuperar a Vyshka a olvidar esas ideas absurdas de la paternidad y familia, pues su familia y hogar estaba con Vyshka, Hermes le había dado vida y sentido a su existencia por él las cosas tenían rumbo nunca le había dicho nada a Vyshka que por él aprendió a ver este mundo con otros colores, Vyshka sin embargo día a día le daba las gracias por salvarlo de la muerte, de darle un nuevo motivo de reír, de existir..., abrió la gran puerta de ébano y vitral, corrió a la habitación y vio que toda la ropa de Hermes estaba aún, entonces le volvió el alma al cuerpo, le marcó al celular, pues desde que decidió volver con Vyshka no había parado de hablarle pero Hermes no respondía, marcó con ansiedad y el teléfono sonó en el cuarto donde está el piano, corrió con angustia y alegría, al abrir la puerta corrediza su mirada se cayó junto con las lagrimas al ver a Vyshka bañado en sangre, sentado frente al piano sujetando con su mano derecha su vieja flauta barroca, Vyshka dejó una carta: amor mío hasta el sol sabe cuando morir, y yo ya no puedo vivir más... te amo. Tuyo Hermes.