jueves, mayo 11, 2006

-Cronología-

1985… eran los días en que no alcanzaba la cama y tocaba el cielo;
Cada día estaba dispuesta a prender el monitor matutino y ver la película de tus manos largas y venas verdosas.

Algunas veces dura, pero la con la suavidad que tienen todas las madres
Peinabas mis lluviosas mechas, era la cosa más esperada para ir al colegio, sentir tu cuerpo deslizando el peine en mi cabeza revuelta.

Con los pies al aire, a la orilla de miles de fantasía,
Envidiaba tu labial, y tus ojos mezclados de rimel;
Irme entre tu bolso de hojas y angustia; aún lo deseo mujer.

Tu voz que chocaba con el espejo,
Retumbaba en mi caja torácica
Y un vaso con leche se escurría en mi boca;
Tú bella y apresurada corría a la orilla de la calle, juntas nos íbamos con los cabellos al viento.

En 1995 le tenía tanto miedo a tu chancla de plástico como a los vampiros que ahuyentaste con ajos de amor, aquella noche en que no te fuiste de la vieja hamaca.

Eran tan pequeña en aquel tiempo que observaba inmutable el hechizo de tus tacones, -tan altos- que no podía creer que eso fueras tú.

¿Te acuerdas del bolso de cuero café que tenías con objetos raros? Esa bolsa soltaba mi imaginación, creyendo que allí tenías secretos y cosas que nadie podía esconder más que tú. Y la veía tan grande que creía que allí cabía mi tenis azul.

Era el mundo que se me hacia grande –y yo junto a ti-

En estos años, extraño tus hilos gris-negros de tu cabello,
Y cuanto sufro de ti, sufro por mí;
La memoria -aún- me alcanza para verte entrar a mi desorden,
Y ver flotar las sabanas de todas mis edades.
¿Ahora quién acomoda la cama?

¿Madre porque ahora qué somos amigas no estoy?
¿Por qué ahora qué sé como aman las mujeres, no puedo darte mis manos que son como las tuyas (largas y venosas), por qué sufro por no verte a través del espejo?

Te amo mujer…

martes, mayo 02, 2006

La Ventana...

(Imagen de Araceli, ver página)
Sus ojos se estrellaban en el infinito de las líneas y ondulaciones del horizonte; en el canela de aquellos hombros se reflejaba la intensidad del sol; el último recuerdo del día en pedazos se perdió en el archivero cerebral… ¿qué hacer con el olvido cuándo se olvida?

Una voz ronca y rasposa pronunció al oído izquierdo de aquel ser:

- Te deseo, ven… vamos…-

Con la piel estremecida, contestó:

-Bésame, más, más…-

Los brazos cual cristo en el ventanal, parecían sostener los bordes del cuadrado que daba al poniente; la espalda se excitaba con esos labios firmes que bañaban la dermis...

La voz rasposa tenía la llave del archivero; sus muslos temblaban, la memoria volvía…los ojos abiertos, las manos sudadas se iban evaporando con el viento del sur.

Pronto llovió, y las gotas chocaban como si el mundo se acabara, la ventana se cerró y la voz rasposa se llevo los nuevos recuerdos a la cama.