sábado, febrero 12, 2005

Habíamos...


I
Habíamos contado perfectamente los días que estaríamos juntos, calculado los billetes y las monedas, las cuentas estaban bien hechas, las horas de vuelo y por carretera las habíamos “mapeado” con salidas justas para llegar a tiempo a la “gran ciudad”, incluso el hotel ya estaba dispuesto para nosotros... pero no habíamos “contado” que el dinero que tenemos es virtual, se nos olvido por completo que vivimos en la modernidad, que las cuentas bancarias son flotantes, que este país no trabaja en día festivo, era el día del “Trabajo”... y siendo, “que” somos “estudihambres” asalariados... uff ¡que festín! Pasamos...

Sin embargo la llegada (de ambos) fue mas que cuentas bien calculadas, mi hombre entró radiante a la Terminal de autobuses, se dirigía hacia la “Virgencita de Guadalupe
[1]”,con esa imagen de si mismo, con esa playera encendida, a semental, y con unos minutos de retrazo... estaba frente a Jenny, con sus labios encendidos con su mirada cálida y llena de mi.

II
Toda la ciudad o casi toda la ciudad, se encontraba semihúmeda, e igual que siempre, (o eso parecía)...

Has notado que esta ciudad de emplumados antiguos todo el tiempo está en construcción (parece que la C.d de México nunca termina de construirse, nunca termina de “modernizarse”, el panorama en las calles es de cementos y gravas, que están en manos de los albañiles recomponiendo edificios, ceras y alcantarillas, e inmuebles históricos en rescate o un invento arquitectónico que se instala a cada dos meses en alguna avenida importante, se ven como símbolo de lo nuevo ante lo viejo). Mueven todo, mueven estatuas, inventan iconos e inventan a la ciudad y todo parece que si es la ciudad de la esperanza, porque uno está esperanzado que esa ciudad cambie, pero tal parece que no pasará.

Mis quejas resonaban a cada rato, que las calles apestan a lodo podrido, que hay mucho polvo, que la gente, que los autos... que la ciudad...

Y a pesar de ese tumulto material, me sujete a sus manos, caminando a su costado, y encima de sus besos, nada de la ciudad es “terrible”, nada sabe a sopa de pollo sin pollo, nada es agrio, nada es nada a su lado...

III
Llegamos desde el viernes en la tarde a la Ciudad de México; la espera en días anteriores había sido de piraña, comíamos las horas, tragábamos al tiempo para que pasara volando, pero parece que el tiempo –es mas que relativo-se detiene cuando se le pega su chingada gana, y cada vez que deseamos vernos, tregua contra nosotros...luchamos contra el Diablo y su hermano... que difícil es no verte todo el “tiempo”, y formidable es amarte contra todo y de todos.

IV
Ya para el sábado, habíamos guerreado cuerpo a cuerpo, mi rostro estaba blanco y su lengua agridulce como la grosella. La guerra no tuvo saldos de heridos, ni muertos, sólo estómagos llenos de hambre como diría Julito, ese niño de Jaime Sabines, no de Jaime Camil, he!!!

Como era de esperarse, la ciudad se hallaba manifestándose, era primero de mayo, y las insurrecciones surrealista de los trabajadores se echaban en las calles coloniales, nosotros veíamos desde el ventanal, con la sangre tibia, con las pieles al viento...

Bajar fue muy fácil, los elevadores mas rudimentarios ayudan a no cansarse, hasta ayudan a olvidar que tienes vecinos que mugen por las noches... como gatos mal cogidos... ahí íbamos tan bellos, tan limpios, tan creídos, pensando que las “masas populares de trabajadores” nos dejarían pasar, que va, a cada paso se nos entreponía algún reprimido que le gritaba a nuestro querido y bestial presidente, a cada paso no faltaba quien me mirara las pantorrillas y cada paso mi amante me cuidaba...

Pero que coño, esas manifestaciones de “trabajadores” son mas marxistas que Carlos Marx, que pinche discurso de los setenta vimos y oímos por las calles, sinceramente el anacronismo no sólo se escribe, es un hecho, es un tiempo atrapado, y no sé si sea un tiempo perdido...

V
Ya estamos, en ese “restaurante o café Chino” enfrente de su “Dios quién sabe quién” y viendo el televisor; mientras yo amaba a mi señor, contamos nuestro “capital” y seguíamos haciendo cuentas, para ver que podíamos digerir mientras íbamos al banco...

Estar junto a él, andar de sus dedos extraños y comer con él –amarle- y contar hasta el último centavo es fantástico... pero no teníamos dinero...

Ahí nos ves haciendo cuentas y pagando en caja, el cochinito lo habíamos roto...


VI
Que camina por acá, y cruza la calle, vamos por aquí, por esta banqueta, ummmm, que friega, pero en fin llegamos al banco, porque habíamos andado en busca de él, pero creo que se cambio de lugar, ya cuando dimos con el “moderno aparato que da dinero con ayuda de un plástico”, que alivio, (ha pero un alivio de a mentiras...) entramos al sitio donde está el cajero, y le dejo ir la tarjeta, ¡y que creen!, el dinero es virtual, no habían depositado, que horror... y mi querido señor en ese instante dijo que bailaría, ahi en la Alameda -por cierto con poco Alamos, otra contradicció más-, pero me confesó que no sabe danzar y mucho menos salsa, lastima porque ese ritmo latino les gusta a los turistas, de conchero sería otra alternativa en aquel momento, pero creo que no le hubieran dado ni un centavo, y no porque estuviera gordo, sino que su color de piel no mas no da el gatazo de AZTECA... pero creo que es mentira eso que no sabe bailar, yo le he visto y sentido cuando baila merengue... pero bueno buscamos otra opción menos penosa.
¿Yo bailar en la calle...ummm, mejor en el teatro?

VII
Sin un quinto en la bolsa, nos dispusimos a tenernos, a disfrutar cada instante, y a detener el tiempo, a saborear el encuentro...a reafirmar al amor, a desempacar una vez por toda cada sentimiento, cada gana en medio de la nada, en medio de las finanzas volátiles y virtual...ya no contamos, sólo nos hicimos el amor, cuantas veces se nos antojaba...

Pero como todo, llegó la despedida, volvimos a contar, volvimos a calcular...

Espero que algún día tengamos el mismo destino de partida e igual que el mismo destino de llegada, que un día no derrame lagrimas en la silla de algún autobús sin él ...que un día sea continuo a su lado. Le extraño tanto...

Es que la ciudad de México es tan grande y estúpidamente vieja y visiblemente nueva...que nada se hace aburrido y todo se hace cansado...

Habíamos planeado...


[1] Por que a su lado me encontraba yo, junto al cristal que la recubría del tiempo y de las miradas de los viajeros.

...

Sí, el tiempo

Sí pudiera medir el tiempo con el tiempo,
Con la masa que se recrea constantemente,
Con la constancia de “ser” distinta y “ser” la misma a la vez;
Y lograrán decirme que soy, no dudaría que vivo.

Sí de verdad existiera el reloj,
Sí fuera natural como la muerte y resurrección del dios sol,
Entendería que cada manecilla me indica a donde voy,
Pero no es verdad no existe nada,
Somos espejos opacos ahogándonos de nosotros. Sin saber de algún camino.

Ahora mismo no sé si soy lo que soy,
O soy el invento de algún sueño.

Las cosas se repiten con rostros diversos, ¿es lo mismo?...

Estamos atrapados en la esfera del tiempo
En las marcas de los perros, pendientes a mordidas.

La continuidad apesta a eterno, la estación hade a jamás,
La prisión de los ojos ajenos asfixian. La ergástula de mis ojos me asesinan.

Qué hay afuera del tiempo,
Qué vive allá en donde nuestros sentidos se mueren.

Sí fuera la carne que cambia no tendría este pesar,
Sino fuera yo esa misma masa, no sería esclava del tiempo.

Qué soy ahora que todo se mide y todo se ve a través de pantallas
Qué puedo ver, que no sean luces destelladas de los aparatos,
Qué puedo ser cuando todos podemos morir de:
Soledad, Individualidad, Desolación y Azoramiento.

martes, febrero 08, 2005

El aeropuerto: viaje a Rumania

I

El aeropuerto, repleto como suele estar en los días de fiesta de las carnes, sonidos de hélices, tacones corriendo, bajando escaleras en movimiento, abrazos y lágrimas de llegadas y despedidas... allí junto al cristal de una tienda, mis ojos se desorbitaban en la espera del vuelo a Rumania, que aun no se anunciaba, la desesperación tan normal en mi, aumentaba, todos los vuelos parecía que eran los míos... ¿cuánto se espera para ir a una ciudad gélida, gótica y añeja?


II

Las dos y un minuto, y un presentimiento me agüero que las alas de metal estaban retrasadas... para tranquilizar mis nervios y a la enjundiosa imaginación, abordé un pasillo que dirigía a la sala de información, con una taza de plástico, iba absorbiendo y meneando el agua negra que giraba con una pizca de mancha láctea, al llegar al borde del cubículo se me comunica que el vuelo efectivamente ya no saldría a las dos, sino a las seis, entonces se desbordó la ansiedad y el enojo, tomé mi maleta, tomé mis manos, mis pies y mi conciencia y me dirigí a la calle, parecía que la lluvia no se había retrasado...

III

Me senté en una banca oxidada, que daba justo a la entrada del aeropuerto central, me abrigué aun más, la lluvia había concluido su advenimiento, y la densa neblina empezó a cubrir las calles, las sendas de canteras brillaban en medio del efluvio de la madrugada... junto a la banca se estiraba un poste de luz que se apaga y encendía cada cinco minutos, me asomé a el para poder adivinar las letras de la Divina Comedia...

Qué hacer, a las tres de la mañana, en una ciudad vieja y ajena a tus gustos, para donde ir a esas horas, si los planes eran tan sólo esperar el arribo a otra ciudad; quizás lo que se puede hacer es permanecer dentro de la terminal, pero mi ansiedad de viajar, me habían hecho llegar cuatro horas antes de la partida, y el saber esa terrible noticia del retraso, derrumbo mis planes de mirar gentes y aparadores de libros de superación personal. Y lo único que se puede hacer ante la espera es seguir esperando pero en otro espacio, -me aconseje para si-

IV

Las cuatro y dos minutos, unos pasos se acercaban , un bastón se lograba ver que giraba de vez en vez, y entre mas cerca estaba la sombra, los zapatos de charol rechinaban, aquel tipo olía a encanto aun en la distancia, entre mas cerca sus mancuernas de plata y sus ojos grises podían sustituir el brillo de la luna en medio de la espesura de la madrugada... de repente una voz me dijo: ey, ey que hacéis aquí, no sabéis está es la hora, y le dije la “¿hora de qué...?” después de escuchar la cándida vos, ya no supe...


V

Había llegado a las diez al aeropuerto primero que cualquier otro pasajero, y no por ser puntual o para ocupar mejor lugar en el avión, ya que eso es imposible, simplemente porque a cada persona a bordo se le destina un número de asiento cuando se compra el boleto de viaje, así que sería absurdo llegar primero que nadie... lo mío fue por sobra de ociosidad y ya me había cansado de estar en el hotel, respirando ese hedor a desinfectante en el sanitario, lo peor era que se escurría por el cuartucho, me estaba matando el encierro, la humedad y la falta de compañía, con el fastidio me justifique y me dije: “que mas da esperar cuatro horas leyendo revistas y viendo por los aparadores...” entonces sin pensarlo mas, arrumbé a la recepción y escapé en el rumiar de un taxi viejo.

¡Sí!, había pensado que estaría incaminable la estación, porque en estás fechas todo mundo quiere partir para llegar... pero ese hecho me hacía bien, así se iría más rápido el tiempo, dando a cada pasajero-persona un pedazo de minutos y un sobre nombre de animal, ya fuera por su rostro o su andar, así es como planeaba matar la ansiedad y la espera por viajar. Con ese plan nada podía fallar... pero falló.



VI

...Una gran mesa, con mantel dorado, candelabros, cubiertos y bajillas de porcelana, -o por lo menos parecían de gran mayólica...- hombres y mujeres hablaban en grupos con indistintas conversaciones, comían, y reían al mismo tiempo que chocaban sus copas de tamaño singular, pero mas extraño era el contenido del cristal, de color rojo púrpura, las mujeres de repente empezaron a partir, de una en una, de par en par, se iban de la mesa, hasta que los hombre de igual forma se desvanecieron de sus sillas, y yo, allí sin saber nada, me quedé en el gran comedor con las servilletas de seda y tenedores de plata...

En un par de segundos ya estaba dentro de una habitación, con mi piel desnuda, sentía que mi corazón se desprendía poco a poco, mis órganos explotaban, las venas se hinchaba a la vez que se vaciaban lentamente, y sólo podía ver como mis pies se despegaban de la gran alfombra persa que cubría la inmensa recamara... les dije muy fuerte a esos seres que si me iban a comer, que por favor lo hicieran lentamente y que me disfrutaran, porque estaba sufriendo, porque valía mi vida mas que esa hora, que no era lo que esperaba en ese día, ni dirigirme a la ciudad de la Muerte, sino a Rumania, y ya no puede mas.... asustados me soltaron y me desvanecí en la cama de grandes patas y bellas cortinas de mantacielo, uno de ellos asombrado susurraba:”es que no puede ser... ¿cómo lo hace?”, su victima había logrado hablarles telepáticamente, pero ya era tarde mi intervención, mi propia ayuda había llegado en la hora menos precisa, empezaba a escurrirme sangre por los labios y ellos sólo partieron diciéndome...

VII

Por favor abrochar sus cinturones, dentro de unos minutos el avión aterrizará, le deseamos una fabulosa estancia en la Ciudad de Rumania...

¿Ausencias?

Cuando se van, dejan los recuerdos colgados, los libros con alguna huella y una que otra foto selladas con letras viejas, lo mismo que el amor. Por ahí anda uno que otro aviso en el refrigerador de algún evento al cual no se pudo ir, y junto al armario un zapato que nunca se uso.

Las manchas en el techo forman imágenes a deshoras de la noche... los viajes se hacen en el imaginario, con la amante que ya no vive aquí. El tiempo se asoma para luchar contra la guerra de la ausencia de los besos olvidados en servilletas, que se esconden a lado de una sopa que ya caducó.

Cuando te fuiste, me eche en la entrada, veía pasar cuanto tacón sonaba en la banqueta, y mis ojos se echaban tras el andar de tus caderas, que se perdían en el umbral de otra mujer. Cualquier nombre sonaba al tuyo, pero tu voz se perdía poco a poco como se fue nuestro amor.

Los sueños se hacen con un sólo rostro, las sábanas inician a perder los olores, y cada vez los centímetros entre tu almohada y la mía se mudan en kilómetros, tu espalda dibuja en los meses de tu partida una sombra imborrable, tus ojos ya no son los mismos, ya no los puedo imaginar, no sé que expresión tienen cuando vuelas entre lluvias ácidas y sudor. Pero los extraño.

Han preguntado por ti, y simplemente respondí: ella ya no es mi mujer...las fiestas no saben a cerveza labial, el frío ya no sé mata igual, y los amigos te miran como moribundo, como herido de muerte, dejan de pronunciar tus letras, las cuales te hacían llamar, y aunque quiera volver, tú ya te has ido está noche de hace siete años y más...

¿Esto se llama ausencia, esto es la falta de amor, esto que siento por qué ya no estás, a tu partida se le puede nombrar: “ se acabó el amor” o simplemente ausencia...?